lunes, 8 de julio de 2013

Maldito lamento

Esa sensación que tenías cuando eras un niño, ese temor de estar completamente solo. Ese pánico que se apodera de tu interior, y anuda cada uno de tus sentidos, destruyéndolos. Cuando la oscuridad ya no forma parte de tus miedos, porque lo que quieres es estar encerrado en una habitación a ciegas, apoyado contra la pared, sintiendo el frío. Oyendo los ruidos del silencio. Cuando sabes que no hay nadie más: estás tú y ni siquiera tu sombra te hace ahora compañía. Cuando sólo escuchas el latido de tu corazón, temblando y acelerado, y sólo sientes las lágrimas caer, derramándose a un ritmo frenético por tus mejillas. Esa extraña sensación, de saber que no hay nadie ahí que pueda darte lo que necesitas, solo una persona, y no vendrá a buscarte, nunca. Que todos te han dejado o más bien, los has alejado tú porque lo necesitabas y, ahora, te sientes completamente abandonado y por más que lo intentas, la decepción vuelve... y la ilusión ya está marchita, podrida... muerta.

Esa sensación horrible de saber que tienes a muchas personas a tu lado, pero sólo una puede solucionarlo y, sencillamente, es imposible. Esperar sentado, sumido en la oscuridad, a que el destello cierre esos ojos cristalinos hundidos en lágrimas y, como un sueño, una mano acaricie tu rostro y veas a la única persona que deseas del mundo, como si fuese un ángel que viene a buscarte a ti.

Esa sensación que tenías cuando eras niño, que recorre ahora tu estómago, y tu pecho. Ahogando el nudo que se desata en tu garganta, evitando las lágrimas. Buscando en tus sentimientos ese maldito cuarto oscuro, ese rincón solitario que te hacía más fuerte y donde sabías que podías cobijarte... durante un tiempo infinito. Donde el reloj no marcaba ni un segundo, los problemas explotaban en una lluvia de olvidos y los recuerdos destrozaban tus sentimientos como alfileres que se clavan uno a uno en tu cuerpo, intacto. Dolor y miedo.

Como si fuera un sueño.

Pero las pesadillas, también son sueños...

 Sola....

Y en silencio...

Quiero encontrar el cuarto, esconderme entre mis recuerdos. Quiero gritar tan fuerte hasta desgarrar mi voz entre el silencio. Agotar las lágrimas que tengo dentro, aunque me perjudique hacerlo. Sólo quiero sacar este maldito lamento. Por que cuando abra lo ojos, quizás dentro de un tiempo.... vendrá mi ángel, y conseguirá hacer sonreír de nuevo mi alma, y volverá la ilusión... como un niño nuevo.

Con sonrisas...

Y dulces de ensueño.

Esa sensación que tenías cuando eras niño...

Esa maldita sensación es la que tengo ahora.